La eficiencia energética se ha convertido en una característica cada vez más relevante al analizar una vivienda. El consumo necesario para climatizarla, la calidad del aislamiento, las ventanas o los sistemas de calefacción y refrigeración pueden afectar al confort y a los gastos que tendrá que asumir su propietario durante años.

Pero ¿todo esto se refleja realmente en una tasación? La respuesta es que puede influir en el valor, aunque no existe una relación automática entre la letra del certificado energético y el precio de un inmueble. Una vivienda con calificación A no recibe simplemente un porcentaje adicional de valor, del mismo modo que obtener una E, F o G tampoco supone aplicar directamente una penalización determinada.

Para conocer el valor de mercado es necesario estudiar el inmueble en su conjunto y compararlo con otras propiedades. La ubicación, superficie, conservación, antigüedad, calidad constructiva, distribución y características del edificio continúan siendo elementos fundamentales.

La tasación oficial de Euroval refleja el valor real de mercado del inmueble mediante un informe técnico elaborado por profesionales cualificados y conforme a la normativa vigente.

¿Qué relación existe entre eficiencia energética y valor de mercado?

Dos viviendas situadas en una misma zona, con superficies parecidas y características similares, pueden ofrecer prestaciones energéticas muy diferentes. Una puede disponer de aislamiento térmico, ventanas modernas y climatización eficiente, mientras que la otra puede conservar cerramientos antiguos y necesitar mucha más energía para alcanzar la misma temperatura interior.

Estas diferencias tienen consecuencias económicas para quien compra la vivienda. Un menor consumo energético puede traducirse en gastos más reducidos y mejores condiciones de confort, dos aspectos que pueden aumentar el atractivo de un inmueble frente a otros similares.

Cuando esa preferencia se refleja de manera efectiva en los precios que pagan los compradores, puede terminar formando parte del valor observado por el tasador.

La clave está precisamente ahí: no se trata de asignar un precio a cada letra energética, sino de analizar si las características relacionadas con la eficiencia están siendo reconocidas por el mercado.

El certificado energético tiene ahora mayor presencia en las tasaciones

El certificado de eficiencia energética lleva años formando parte de muchas operaciones inmobiliarias. Propietarios y compradores están acostumbrados a encontrar la conocida escala que clasifica los inmuebles desde las categorías más eficientes hasta las que presentan mayores consumos.

Sin embargo, su relevancia dentro de las valoraciones reguladas ha aumentado. Los cambios introducidos en la normativa española de valoración han reforzado la consideración de la información energética y la documentación necesaria para determinados inmuebles terminados.

Esto permite disponer de información adicional sobre el comportamiento energético del edificio y complementa otros datos utilizados durante el proceso de tasación.

Importante: que el certificado forme parte de la documentación no significa que la calificación energética determine por sí sola el resultado de una tasación.

¿Una vivienda con calificación A se tasa más que una con calificación E?

No necesariamente. Para entenderlo resulta útil imaginar dos viviendas situadas en el mismo barrio.

La primera tiene una calificación energética A. Cuenta con buen aislamiento, ventanas de altas prestaciones, instalaciones modernas y necesita relativamente poca energía para mantener una temperatura confortable.

La segunda obtiene una calificación E y conserva ventanas antiguas, peor aislamiento y unos sistemas de climatización menos eficientes.

Si ambas viviendas fueran prácticamente idénticas en ubicación, superficie, planta, orientación, conservación y distribución, las mejores prestaciones de la primera podrían hacerla más atractiva para los compradores y contribuir a una diferencia de valor.

En la realidad inmobiliaria, sin embargo, encontrar dos viviendas completamente iguales es complicado. El inmueble con peor calificación energética podría tener una terraza considerablemente mayor, mejores vistas, garaje o una ubicación dentro del edificio mucho más demandada.

Por este motivo, comparar únicamente la letra energética puede llevar a conclusiones equivocadas.

¿Cuánto puede aumentar el precio por una mejor eficiencia energética?

No existe un porcentaje que pueda aplicarse de forma general a cualquier vivienda española. La influencia de la eficiencia depende del tipo de inmueble, de su localización y de la importancia que los compradores de ese mercado concedan a estas características.

Sin embargo, diferentes investigaciones han detectado una relación entre mejores prestaciones energéticas y precios inmobiliarios superiores. Un estudio del Banco de España basado en más de un millón de compraventas realizadas entre 2015 y 2022 encontró diferencias de precio asociadas a una mayor eficiencia energética que, en determinados casos, podían alcanzar aproximadamente el 9,7 % respecto a las viviendas menos eficientes.

Ese 9,7 % no debe utilizarse como una fórmula de tasación. Es un resultado estadístico obtenido sobre un gran número de operaciones y no significa que mejorar una vivienda permita incrementar automáticamente su valor en ese porcentaje.

De hecho, el impacto puede variar considerablemente según las características del inmueble. En determinadas viviendas unifamiliares o en zonas con mayores necesidades de calefacción, por ejemplo, el ahorro energético puede tener una importancia económica superior para el comprador.

Qué aspectos relacionados con la eficiencia pueden influir en una vivienda

La calificación energética resume parte del comportamiento del inmueble, pero detrás de esa letra existen numerosos elementos constructivos e instalaciones que también ayudan a comprender sus prestaciones.

  • Aislamiento térmico de fachadas, cubiertas y otros cerramientos.
  • Calidad y estado de las ventanas y carpinterías exteriores.
  • Sistemas utilizados para calefacción y refrigeración.
  • Producción de agua caliente sanitaria.
  • Antigüedad y características constructivas del edificio.
  • Orientación y exposición solar de la vivienda.
  • Reformas energéticas realizadas anteriormente.
  • Instalaciones renovables cuando existan.

Estas características pueden afectar tanto al consumo como a la experiencia diaria dentro de la vivienda. Un inmueble bien aislado puede conservar mejor la temperatura interior, reducir determinadas pérdidas térmicas y necesitar menos energía para climatizarse.

Por tanto, la eficiencia energética debe entenderse como parte de las características globales del inmueble, y no como un elemento independiente que pueda valorarse mediante una simple tabla.

¿Cambiar las ventanas puede aumentar el valor de tasación?

Renovar unas ventanas antiguas puede mejorar considerablemente el aislamiento térmico y acústico de una vivienda. También puede contribuir a reducir el consumo energético y aumentar el confort interior.

Eso no significa que el dinero invertido se incorpore íntegramente al valor del inmueble. Si un propietario gasta 12.000 euros en nuevas ventanas, no puede asumir que la tasación vaya a aumentar automáticamente otros 12.000 euros.

Una tasación no consiste en sumar el coste de todas las reformas realizadas. Lo relevante es analizar cómo queda posicionada la vivienda después de esas mejoras frente a otros inmuebles comparables disponibles en su mercado.

La misma lógica se aplica a otras actuaciones como renovar la climatización, instalar aislamiento, mejorar la envolvente del edificio o realizar una rehabilitación energética más amplia.

La eficiencia energética en las viviendas antiguas

La antigüedad de un edificio suele estar relacionada con las exigencias constructivas existentes en el momento en que fue construido. Buena parte del parque residencial español se levantó antes de que las actuales medidas de ahorro energético, aislamiento y eficiencia tuvieran el protagonismo que tienen hoy.

Eso no significa que una vivienda antigua tenga necesariamente una mala eficiencia energética. Muchos edificios han pasado por procesos de rehabilitación que han mejorado fachadas, cubiertas, ventanas o instalaciones comunes, mientras que sus propietarios también pueden haber realizado reformas importantes dentro de las viviendas.

Por eso, dos pisos construidos en la misma década pueden encontrarse actualmente en situaciones muy distintas.

Al analizar una vivienda antigua conviene prestar atención tanto a las actuaciones realizadas en el propio inmueble como al estado general del edificio. Una vivienda reformada interiormente puede seguir formando parte de un edificio con una envolvente térmica poco eficiente o con actuaciones importantes pendientes.

El precio de adquisición no es el único coste que debe valorar un comprador. Si el inmueble necesita futuras actuaciones para mejorar su comportamiento energético, esa inversión también puede influir en cómo percibe económicamente la vivienda.

¿Una mala calificación energética puede reducir la tasación?

Una calificación energética baja puede estar asociada a características menos atractivas para determinados compradores: mayores necesidades de climatización, instalaciones antiguas o una vivienda que requerirá inversiones para mejorar su comportamiento energético.

Sin embargo, no existe una penalización fija por obtener una determinada letra. No puede afirmarse, por ejemplo, que una vivienda con calificación F vaya a perder automáticamente un 5 % de su valor respecto a otra con calificación C.

Para que una característica tenga repercusión en el valor debe analizarse dentro del mercado correspondiente. Si los compradores pagan sistemáticamente más por inmuebles comparables con mejores prestaciones, esa diferencia puede quedar reflejada en los valores observados.

También puede ocurrir que otros atributos tengan mucho más peso. Una vivienda poco eficiente situada en una ubicación especialmente demandada puede alcanzar un precio superior al de otra mucho más eficiente localizada en una zona menos valorada.

La calificación energética aporta información sobre el inmueble, pero no sustituye al análisis de mercado necesario para determinar su valor.

¿Qué importancia tiene la eficiencia energética en una tasación hipotecaria?

Cuando se solicita una hipoteca, la tasación permite a la entidad financiera disponer de una valoración independiente del inmueble que va a servir como garantía del préstamo.

El objetivo fundamental continúa siendo determinar su valor conforme a los criterios y metodologías aplicables. La información energética se incorpora como otro elemento que ayuda a describir correctamente las características del inmueble.

 

Esto resulta especialmente relevante porque el valor de tasación puede condicionar el importe máximo que el banco esté dispuesto a financiar. Si existe una diferencia importante entre el precio de compraventa y la tasación, el comprador puede necesitar aportar una mayor cantidad de fondos propios.

La eficiencia energética no cambia el funcionamiento básico de una tasación hipotecaria, pero sí forma parte de una visión cada vez más completa de la vivienda, en la que no solo interesa cómo es el inmueble actualmente, sino también cuáles son sus prestaciones.

La tasación oficial de Euroval refleja el valor real de mercado del inmueble mediante un informe técnico elaborado por profesionales cualificados y conforme a la normativa vigente.

¿Compensa hacer una reforma energética antes de tasar la vivienda?

Depende del estado del inmueble, del tipo de actuación y del objetivo de la reforma. Mejorar energéticamente una vivienda puede aportar ventajas claras para su propietario, pero realizar obras exclusivamente para intentar elevar la tasación requiere analizar previamente si la inversión tiene sentido.

Supongamos que una vivienda conserva ventanas muy antiguas, un sistema de climatización obsoleto y presenta importantes pérdidas térmicas. Sustituir estos elementos puede transformar considerablemente sus prestaciones y hacer que resulte más atractiva frente a otras viviendas similares.

Otra situación muy distinta sería acometer una inversión de gran importe en un inmueble cuyo mercado no reconoce suficientemente esas mejoras.

Por eso conviene diferenciar entre el coste de una reforma, el ahorro energético que puede generar y el posible incremento del valor de mercado. Son conceptos relacionados, pero no tienen por qué coincidir.

Reformas que pueden mejorar las prestaciones de una vivienda

  • Sustitución de ventanas y carpinterías exteriores antiguas.
  • Mejora del aislamiento térmico.
  • Renovación de sistemas de calefacción y refrigeración.
  • Actuaciones sobre fachadas o cubiertas.
  • Instalación de sistemas de producción energética más eficientes.
  • Mejoras en la producción de agua caliente sanitaria.

Antes de realizar una inversión elevada pensando exclusivamente en una futura venta o tasación, resulta recomendable estudiar las características del mercado y comprobar qué actuaciones pueden aportar realmente valor al inmueble.

El comprador también mira cuánto costará mantener la vivienda

Tradicionalmente, buena parte de la decisión de compra se concentraba en factores como ubicación, superficie, número de habitaciones, terraza, garaje o estado de conservación. Todos ellos continúan teniendo una enorme importancia, pero el coste de utilización de la vivienda está ganando protagonismo.

Una propiedad puede resultar atractiva por su precio y, sin embargo, necesitar un consumo elevado para mantener unas condiciones confortables durante el invierno o el verano.

En el extremo contrario, una vivienda con buenas prestaciones térmicas puede ofrecer unos costes de funcionamiento más contenidos.

El coste real de una vivienda no termina en el precio de compra: también intervienen su mantenimiento, consumo energético y las reformas que pueda necesitar durante los siguientes años.

Esta perspectiva puede hacer que los compradores presten cada vez más atención al certificado energético y al estado de las instalaciones antes de realizar una oferta.

Por qué la eficiencia energética puede ganar peso en el valor de las viviendas

La evolución de las políticas energéticas y de rehabilitación de edificios apunta hacia un parque inmobiliario con menores consumos y mejores prestaciones. Paralelamente, compradores y entidades financieras disponen de cada vez más información para comparar inmuebles desde este punto de vista.

Esto podría aumentar progresivamente la diferencia entre viviendas que necesitan importantes actuaciones de rehabilitación y aquellas que ya presentan unas buenas condiciones energéticas.

También hay un componente económico evidente. Cuando los costes energéticos son elevados, el consumo de una vivienda adquiere mayor importancia para una familia. Y cuando existen expectativas de futuras reformas, el comprador puede incorporar ese gasto a la hora de decidir cuánto está dispuesto a pagar.

Todo ello puede terminar trasladándose al mercado inmobiliario y, por tanto, a la información que utilizan los profesionales para realizar sus valoraciones.

Qué conviene revisar antes de comprar una vivienda

El certificado energético puede proporcionar información útil, pero no debería analizarse de forma aislada. Si estás valorando la compra de una vivienda, merece la pena observar conjuntamente varios aspectos.

  • La calificación energética actual del inmueble.
  • El estado de las ventanas y cerramientos.
  • La antigüedad de los sistemas de climatización.
  • Las reformas realizadas en la vivienda.
  • Las rehabilitaciones efectuadas en el edificio.
  • Las posibles actuaciones pendientes de la comunidad de propietarios.
  • El estado general y la conservación del inmueble.
  • Las características de otras viviendas comparables de la zona.

Esta información permite tener una imagen mucho más realista de la propiedad y evita tomar una decisión únicamente por una buena o mala letra en el certificado.

Preguntas frecuentes sobre eficiencia energética y tasación

¿El certificado energético influye en el valor de tasación?

Puede influir en la medida en que las características energéticas del inmueble sean relevantes para el mercado. No existe una cantidad fija que se añada o reste según la letra obtenida.

¿Tener una calificación A garantiza una tasación más alta?

No. Una vivienda se valora teniendo en cuenta numerosos factores. La ubicación, superficie, conservación, distribución, calidad constructiva y comportamiento del mercado pueden tener tanta o más importancia.

¿Existe una tabla que relacione cada letra energética con un porcentaje de valor?

No existe una tabla general que permita aplicar automáticamente un porcentaje de subida o bajada a una vivienda en función de su calificación energética.

¿Se puede hipotecar una vivienda con una mala calificación energética?

Una calificación energética baja no impide por sí misma que un inmueble pueda utilizarse como garantía hipotecaria. La entidad financiera estudiará el conjunto de la operación y la situación económica del solicitante.

¿Reformar energéticamente una vivienda aumenta siempre su tasación?

No necesariamente. Una reforma puede mejorar las características y el atractivo del inmueble, pero el incremento de valor dependerá de cómo responda el mercado a esas mejoras.

¿El dinero gastado en una reforma se recupera íntegramente en la tasación?

No. El coste de las obras no se incorpora automáticamente al valor. Lo que se analiza es el inmueble resultante y su posición respecto a propiedades comparables.

La eficiencia energética es una pieza más del valor de una vivienda

Las prestaciones energéticas ofrecen información cada vez más útil para conocer la calidad y los costes asociados a un inmueble. Un buen aislamiento, unas instalaciones eficientes o unas ventanas adecuadas pueden mejorar el confort y reducir las necesidades de consumo.

Estas características también pueden aumentar el atractivo de una vivienda frente a otras propiedades similares y, cuando el mercado reconoce esa diferencia, pueden terminar teniendo reflejo en su valor.

Pero la tasación sigue siendo un análisis global. Una buena calificación energética no compensa automáticamente una mala ubicación, una distribución poco demandada o un estado de conservación deficiente, del mismo modo que una calificación baja no convierte por sí sola una vivienda en un inmueble de poco valor.

La eficiencia energética debe analizarse junto con el resto de características físicas, jurídicas y de mercado para obtener una valoración adecuada de la propiedad.